En una decisión que busca preservar el ADN de velocidad y competitividad de la categoría, la Fórmula 1 ha modificado el rumbo de su futura normativa de motores. Tras una reunión clave este 8 de mayo de 2026, se ha acordado que para la temporada 2027 los monoplazas contarán con una mayor potencia proveniente del motor de combustión interna (ICE), reduciendo la dependencia eléctrica que se había proyectado inicialmente.
Adiós al 50/50: Un nuevo equilibrio
Originalmente, el reglamento que entrará en vigor en 2026 buscaba un reparto de potencia equitativo (50% combustión y 50% eléctrico). Sin embargo, tras pruebas de simulación y el feedback de los pilotos, se determinó que ese modelo obligaría a una conducción excesivamente conservadora para ahorrar energía.
El nuevo acuerdo para 2027 establece un reparto aproximado de 60/40, logrando los siguientes ajustes:
- Más potencia térmica: El motor de combustión ganará 50 kW (unos 67 CV adicionales) gracias a un incremento en el flujo de combustible.
- Menos dependencia eléctrica: La potencia del sistema de recuperación de energía (ERS) se reducirá de 350 kW a 300 kW.
El objetivo: Carreras al límite
El principal motivo de este cambio es eliminar el fenómeno del clipping (cuando el coche pierde velocidad drásticamente al final de las rectas por falta de batería) y reducir la necesidad de que los pilotos tengan que soltar el acelerador antes de tiempo para recargar energía (lift and coast). Con más caballos de fuerza provenientes del combustible, los pilotos podrán rodar a fondo durante más tiempo, mejorando el espectáculo en pista.
Desafíos para los ingenieros
Aunque la noticia ha sido recibida con entusiasmo por quienes pedían motores más “tradicionales”, este ajuste presenta un reto logístico para las escuderías. El aumento en el flujo de gasolina podría obligar a rediseñar los tanques de combustible, invalidando los chasis que los equipos ya estaban proyectando para el ciclo 2026-2027.
Con este movimiento, la Fórmula 1 reafirma su compromiso con la sostenibilidad mediante combustibles sintéticos, pero admite que, para mantener la emoción, el motor de combustión sigue siendo el corazón del espectáculo.




